Una mente prodigiosa, o quizás temerosa de la sociedad que le tocó vivir y no la dejó ser ella misma. Fue creando su persona a golpe de críticas y miedos, contradicciones e incluso deseos fracasados.
El punto del feminismo para unos, la exaltación tranquila para otros; de pensamientos revolucionarios pero reticentes.
A través de sus líneas podemos conocer una pequeña parte de sus pensamientos. Libros como “ Al faro”, nos refleja su entorno familiar, un paralelismo entre los Ramsay y los Stephen. La difícil relación con su padre, el amor por su madre que en parte la encaminó a sus ideas progresistas, revolucionarias. Quizás la protagonista de “Al faro” la Sra. Ramsay sea el espejo maternal de Virginia. Adentrándose más en su personalidad, nos muestra una de sus obras cumbre, “Las olas”, múltiples personajes aportan parte de sus características, para formar una, la propia autora. Contamos con Neville, Louis, Rhoda, cada letra del abecedario que forman el diccionario de Woolf, o deberíamos decir Stephen, su apellido de soltera; hija de Leslie Stephen; mejor dejémoslo en Woolf, al fin y al cabo, Leonard aportó a la vida de Virginia algo más de seguridad, cariño y aliento que pudo aportarle su padre; aunque quizás no pudo llegar a ese rincón oscuro del corazón que la hizo enloquecer. Tal vez siempre se sintió sola, incomprendida, sus mismas contradicciones, las voces de sus personajes, Dalloway, Ramsay, Tansley, Rhoda, se agolparon en su cabeza, llevándola paso a paso hasta aquel lago que la vió morir.
Por fin Woolf se liberó, y con ella a sus personajes, y en su legado sus obras llenas de la vida que nunca tuvo.